Una forma que existe de contar historias sobre ti mismo es inventando una, pero siendo tan dramático en esa historia, hasta el punto de que parezca una caricatura, que el lector comprende que es todo ficticio, sin necesidad de decirlo de manera explícita.
Esto es bueno hacerlo para llamar tanto la atención que tal historia será difícil de ignorar e incluso te ayudará a vender tu producto o servicio.
Gary Halbert lo hizo una vez en su newsletter de pago para vender una mentoría de copywriting por un valor de 27 mil dólares en el año 2003 (si no me equivoco), lo cual equivale a 45 mil dólares en el año 2025 si lo corregimos por inflación (es increíble cómo nos roban con la inflación los gobiernos sin que nos demos cuenta).
Aquí tienes la historia que usó Halbert, traducida al español:
Querido amigo y suscriptor,
Si quieres saber cómo la cirugía plástica me ayudó a convertirme en un copywriter de clase mundial, este será el mensaje más emocionante que jamás hayas leído.
Aquí está la razón:
Hace años, yo me veía muy distinto a como me veo ahora.
Medía un poco más de 1,88 m de altura. Pesaba 77 kilos y mi grasa corporal era solo del 7%. Tenía abdominales marcados y un vientre plano como una tabla de surfear. Mi cabello era espeso, castaño oscuro… de hecho… casi negro. Mis dientes eran casi perfectos y tenía (lo que hoy se llamaría) una “sonrisa Baywatch”.
Y hay otra cosa: nunca lo había revelado antes… porque… es muy personal. Además de eso, como sabes, siempre trato de ser políticamente correcto… y… me esfuerzo por NUNCA ofender a nadie. Y sobre asuntos delicados, intento ser lo más delicado posible y aun así dejar claro el punto. Así que espero que entiendas lo que estoy a punto de escribir y no me obligues a ser más explícito. En fin, lo que intento decirte de la manera menos ofensiva y más civilizada posible es que…
¡Estaba dotado como un caballo!
Todo esto hacía que fuera un “imán de chicas” como nunca has visto. Las mujeres simplemente NO me dejaban en paz. Tocaban a mi puerta en medio de la noche, irrumpían en mi oficina (sin invitación) en plena jornada, me sorprendían escondiéndose en el asiento trasero de mi coche, y así con muchas cosas más. Todas querían un pedazo de mí y de mi… (mejor lo dejamos ahí).
Dejémoslo así: todas querían un pedazo de mí… y…
¡No me dejaban en paz!
Esto quizá suene como el paraíso para algunos hombres. Pero no para mí. Yo quería ser un copywriter serio. Y no puedes ser serio en nada si estás constantemente rechazando mujeres.
Como estaba tan apasionado por convertirme en un gran escritor, aquello no era más que una gigantesca distracción en mi vida. Así que empecé a buscar una solución y, finalmente, encontré justo lo que necesitaba: ¡un cirujano plástico que realmente podía hacer milagros!
Le expliqué mi problema y fue muy comprensivo. Se puso manos a la obra y, aunque tomó casi un año (y casi todo mi dinero), logró el trabajo.
Lo más fácil fue mi cabello. Lo afinó y usó una sonda electrónica para destruir los folículos de modo que no volviera a crecer. En poco tiempo me convirtió en…
Un casi calvo que parecía que pronto perdería el resto del pelo.
Mi estatura fue el problema más difícil. Consiguió quitarme varias vértebras de la columna y “comprimir” las demás. Fue un procedimiento doloroso y complicado, pero valió la pena porque ahora…
¡Ya no estoy ni cerca de medir 1,88 m!
¿Y ese cuerpo delgado y esos abdominales? Simplemente me hizo abandonar los entrenamientos y me puso en una dieta muy alta en calorías y grasas. ¿Y adivina qué? Hoy en día todavía tengo abdominales… pero… están escondidos bajo kilos de grasa, completamente invisibles.
¿Y aquella otra parte? La de estar dotado como un caballo. También la “arregló”. Y ahora soy “normal”, como la mayoría de los hombres.
Resultado final:
Las mujeres dejaron de molestarme y pude estudiar como un loco hasta convertirme en un escritor de clase mundial.
Y vaya que es una dulce alegría.
Ok, la historia es tan inverosímil (y graciosa) que el lector reconoce que Halbert solo está buscando entretener y no mentirle descaradamente en la cara. Para que el lector reconozca eso, deberás hacerlo lo más inverosímil posible… y si es posible… también gracioso.
Sin embargo…
También puedes contar algo que te ha sucedido y que suene dramático. No es necesario que suene tan dramático como la historia de Halbert, ya que dudo que una historia real sea tan dramática. Pero si tu historia tiene un tono de dramatismo, la puedes usar.
