Ejemplo de la Temática Cacería para Vender por Internet

A continuación, tienes un ejemplo de la temática de la cacería para el nicho de seducción. Este ejemplo fue extraído del libro “Seducción Elite”, de David del Bass, Alejandro Gálvez y Nuria Martín.

Conocí a Natalia y a su mejor amiga Eva unos cuantos meses atrás en una noche de fiesta, y en seguida me fijé en Natalia.

La primera vez que la vi me impresionó tanto por su físico como por su estilo y forma de vestir. Pero al cabo de unos cuantos minutos hablando y conociéndonos, me impresionó también por su forma de ser.

Natalia es una chica independiente que trabaja al mismo tiempo que estudia, es muy espontánea, bastante impredecible y tiene un sentido del humor muy especial.

Definitivamente me gustaba. Sí, pero también noté muy rápidamente que no era ese tipo de chicas que se enrollan con chicos que acaban de conocer, o al menos eso es lo que me decía mi calibraje.

Así que aquella primera noche solo traté de divertirme con ella y el resto. Eso sí, me volví a casa con su número de teléfono con intenciones de usarlo otro día.

La verdad es que durante la semana siguiente no la llamé, pensaba hacerlo pero entre unas cosas y otras lo fui retrasando. Hasta que una noche, mientras estaba cenando en casa con una amiga sonó el teléfono, un mensaje de WhatsApp. Era ella.

Natalia: Hola, ¿qué tal?

Alejandro: Muy bien, ¿y tú?

Natalia: También.

(Unos cuantos minutos de silencio)

Alejandro: Creía que querías decirme algo, ¿o solo te apetecía saludarme?

Natalia: Ambas cosas, jejeje. ¿Dónde sales este viernes?

Alejandro: Este viernes iré a Vanila, ¿Os venís?

Natalia: Sii

He de reconocer que no me lo esperaba, muchas veces apunto números de teléfono que luego nunca utilizo y acaban llamándome ellas (o escribiéndome por WhatsApp), pero nunca pensé que me pasaría esto con Natalia. Yo sabía que la llamaría más pronto que tarde, pero ella se me adelantó.

Volvimos a vernos ese mismo viernes en la discoteca Vanila, esta vez vino con Eva y dos amigas más. Corroboré lo que pensé el día que nos conocimos: Natalia no era una chica fácil, sin lugar a dudas.

Si quiso quedar conmigo y mis amigos fue porque lo pasamos muy bien el día que nos conocimos, y esta vez fue igual. Les presenté a nuevos amigos que no conocieron la primera vez y lo volvimos a pasar genial.

Durante la noche tuvimos varios momentos de confort, y aunque mi calibraje me decía que debía ser paciente para avanzar, al final de la noche, analizando lo que había pasado, supe que el momento del beso llegaría antes o después.

Y llegó.

Volvimos a quedar para salir de fiesta, aquel día vino con Eva, como siempre, y también con una amiga que venía acompañada por su novio y un amigo de éste. Yo quedé con unos cuantos amigos, entre ellos David del Bass, que me hizo abrir los ojos en un momento clave de despiste.

Desde el principio, noté que aquella noche era distinta, nuestras conversaciones avanzaban de forma en la que nunca lo habían hecho hasta ese momento. El kino igual. Y yo que soy muy de juego indirecto, empecé a mostrar interés claro hacia ella, cosa que no parecía desagradarle en absoluto.

A mitad de la noche supe que había llegado el momento que tanto había esperado pacientemente. Había llegado el momento de arriesgar, pero antes tenía que aislarla de sus amigos.

Mientras se me ocurría alguna forma de aislar a Natalia, algo en principio bastante complicado teniendo en cuenta que desde el día que nos conocimos nunca la había visto separada de Eva, pasó algo inesperado.

Un tío entró a Natalia y empezó a ligar con ella. Es algo que nunca me había preocupado, ya que siempre que salíamos juntos varios tíos intentaban ligar con Natalia y con Eva, y ellas normalmente los despachaban rápido, parecían bastante expertas en dar bazucazos, sobre todo a los tíos que les entraban de forma muy directa.

Pero aquella vez no fue así. Natalia estaba dando demasiada coba a aquel chico, y yo estaba empezando a inquietarme.

En ese momento David me dijo que se iba. Estaba a punto de lanzar una bomba de humo con una chica con la que se había estado enrollando y que ahora le estaba preguntando si las podía acercar a su casa, a ella y a la amiga.

Así que le acompañé al guardarropa mientras le comentaba la jugada. Le expliqué que Natalia estaba ligando con un tío delante de mis narices, justo después de haberme dado señales claras para que avanzara.

La respuesta de David fue tajante y me hizo abrir los ojos:

“Alejandro por favor… ¿No te das cuenta de que es un test?”

¡Joder! A estas alturas de la vida y cometiendo errores como un principiante. ¡Claro que era un test! Y si no lo era, ¿por qué me tenía que afectar? En ese momento me vino a la cabeza la famosa frase del seductor americano Tyler Durden: “Ignora todo lo que la mujer haga o diga que no ayude con el proceso de seducción”.

Así que me despedí de David y me fui a comprobar si de verdad Natalia me estaba lanzando un test y yo me lo estaba comiendo con patatas. Al llegar al grupo, en lugar de ir con Natalia, me acerqué a Eva.

Empezamos a hablar y a divertirnos. Y saqué el tema de un chico que había querido ligar con ella unos minutos antes. Eva no se dio cuenta, pero mientras hablábamos de cómo aquel chico había intentado ligar con ella y yo reproducía la acción, Natalia nos miraba, y lo que parecía desde fuera o estaba haciendo parecer, es que era YO el que estaba ligando con Eva en ese momento… ¡Bingo!

A los pocos minutos Natalia perdió todo interés en el chico que estaba intentando seducirla. Pasó olímpicamente de él y se acercó a nosotros para preguntarnos con una risita nerviosa: “¿De qué habláis?” ¡Juas!

¿El colmo de mi suerte? Que el chico que estaba ligando antes con Eva me vio en plan cariñoso con ella y en el momento que nos separamos al llegar Natalia, aprovechó para volver a la carga e intentarlo de nuevo, él tampoco quería perder su oportunidad.

Así que, con Eva ocupada con ese chico y el resto de amigos desaparecidos, había llegado el momento, tenía que aislar a Natalia.

Saqué inocentemente un tema de conversación del que habíamos hablado al poco de llegar. Le dije que sí, que “Cómo conocí a vuestra madre” es una de las series más divertidas que había visto, y que me gustaba también “Friends”. Ella me preguntó sobre qué otras series me gustaban, a lo que yo respondí: “El Mentalista.”

Alejandro: ¿Sabes qué es un mentalista?

Natalia: No, ¿qué es?

Alejandro: Es una persona que puede adivinar cosas sobre ti o sobre tu pasado a través de tu energía…

Mentira, pero esa definición era la que me venía al pelo en ese momento.

Alejandro: Yo soy un poco mentalista, ¿sabes?

Natalia: A ver, ¿puedes adivinar algo sobre mí?

Nunca falla, siempre pican el anzuelo jejeje.

Alejandro: ¡Claro! Acompáñame que aquí hay mucho ruido.

La cogí de la mano y fuimos a la otra punta de la discoteca. Había conseguido aislarla. Era la primera vez que se separaba de su amiga y se le notaba inquieta. Cuando llegamos a la otra barra y nos paramos, echó una mirada hacia atrás para no perder de vista a Eva.

Alejandro: Para leer tu mente necesito que me des tu mano.

Cuando hagas una lectura en frío, por la forma en la que ella te dé la mano puedes calibrar las posibilidades que tienes de besarla. En este caso, Natalia estaba un poco tensa, pero pronto se iba a relajar.

Alejandro: A ver… empiezo. Te gustan las gominolas y dormir hasta tarde.

Era verdad y yo lo sabía.

Natalia: ¡Claro! Si eso ya lo sabes… A ver, sigue…

Alejandro: Sigo, mm… De pequeña querías tener un pony, pero en lugar de eso tus padres te regalaron una tortuga. Un día te encontraste a la tortuga muerta, medio devorada por las hormigas y eso te causó un trauma, de ahí tu comportamiento un poco extraño…

Natalia: Jajajaj… ¿Eso te lo ha dicho Eva?

¿Había acertado? A día de hoy todavía no lo sé, pero los dos nos reímos mucho.

Alejandro: A ver, dame la otra mano, que ésta parece un poco mentirosa…

Y en ese momento cambio el tono, la acerco un poco más a mí, la miro a los ojos intensamente y le digo: “Tienes un buen sentido del humor, pero siempre llevas las cosas al plano lógico. Eres una chica bastante lógica y son contadas las veces que te dejas llevar por tus emociones.”

Natalia: Mmm no sé, puede ser.

Se queda pensativa.

Alejandro: Y no sé si te lo habrán dicho ya, pero tienes ciertas expresiones en tu cara y reacciones de sorpresa como de niña pequeña e inocente. Eres de esas personas que se parecen bastante a cuando eran niñas y eso te da un punto espiritual y soñador. Además, no sé si lo sabes, pero dicen que las personas así, tienen potencial de líderes… Pero ojo, no digo que tú lo seas, solo digo que suele ser así…

Natalia: Jajaja oyeee…

En el clavo. Natalia era la líder de sus amigas, era evidente, y le gustó que me diera cuenta. También le hizo gracia la frase final.

Alejandro: Y luego hay algo que me dice que hay una parte de ti que desea ser dirigida y sentirte protegida en las manos de alguien. Como que tienes miedo a perder el control y opones mucha resistencia al principio, pero te encanta cuando te dejas llevar…

Natalia: mmm vale… Tenías razón, eres bueno… ¿Y el futuro también lo puedes adivinar?

Alejandro: ¿El futuro? Sí, claro. Lo que pasa es que tengo un problema adivinando el futuro…

Natalia: ¿Cuál?

Alejandro: Como tengo poca práctica, solo puedo adivinar el futuro muy cercano. Solo puedo adivinar lo que estará pasando de aquí a un minuto en el futuro ¿Lo probamos?

Natalia: Sí, claro…

Natalia está como en trance, totalmente concentrada en nuestra conversación y abstraída de cualquier cosa que pueda pasar a su alrededor.

Hace varios minutos que no sabe nada de Eva, pero no le importa. En ese momento vuelvo a acercarme un poco más a ella, la miro a los ojos y le digo…

Alejandro: Dentro de un minuto en el futuro, vamos a estar tú y yo en este mismo sitio… besándonos…

¡Bomba! En ese momento Natalia empieza a reírse, se pone roja como un tomate. No se lo esperaba.

Alejandro: En serio, nunca me equivoco. Quedan 30 segundos…

Sigue riéndose, pero en ningún momento me suelta la mano.

Alejandro: Cinco, cuatro, tres…

Deja de reírse. Se acerca poco a poco a mí. Detengo la cuenta atrás. Nos miramos fijamente a los ojos. Miro sus labios. Vuelvo a mirar sus ojos. Reanudo la cuenta atrás.

Alejandro: Dos, uno…

Y nos besamos.